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En las últimas décadas el fenómeno de las nuevas tecnologías de la información y comunicación ha generado cambios importantes en el funcionamiento de nuestra sociedad. La constante aparición de nuevos instrumentos y soportes han dado un giro a la manera que teníamos de almacenar y transmitir la información, generando a la vez, nuevas maneras de relacionarlos con otras personas a nivel profesional, personal y en las actividades de ocio.

Probablemente la influencia más llamativa se ha producido entre la población más joven. El tiempo empleado en móviles, videojuegos e internet entre jóvenes y adolescentes es cada vez mayor, dejando de lado las ocupaciones que eran más habituales hasta el momento. Esta nueva realidad ha despertado una preocupación social acerca de la influencia que el uso de estas nuevas tecnologías puede tener sobre el desarrollo y ajuste personal, especialmente entre los adolescentes.

Las nuevas tecnologías poseen un enorme potencial comunicativo y educativo, pero también entrañan riesgos. Las ventajas todos las conocemos y aceptamos, pero esos riesgos no están precisados. ¿Cuál es el límite? ¿Qué es la normalidad? Al no estar consensuado lo que es o no es normal o adecuado, no se sabe si hay que alarmarse o no ante conductas que se realizan; por lo que se desata una preocupación social, sobre todo en relación a los pequeños o adolescentes.

¿De qué hablamos cuando hablamos de adicción?

Habitualmente hacemos una relación directa entre frecuencia y adicción. Sin embargo, los componentes fundamentales de los trastornos adictivos no van relacionados con dicha frecuencia, sino con la alteración que el uso hace en la persona. Para hablar de adicción deberemos tener en cuenta los siguientes parámetros:

  • La falta de control es la incapacidad para poder decidir cuándo dejar de realizar una conducta. (Empiezo y no puedo parar.)
  • La dependencia son una serie de síntomas cognoscitivos, de comportamiento y fisiológicos que indican que la persona sigue realizando la conducta a pesar de la aparición de problemas significativos relacionados con ello. Es decir, sabemos que no nos hace bien, pero seguimos haciéndolo. (Sé que no debo, pero es superior a mí.)
  • La tolerancia se refiere a la necesidad de recurrir a mayores tiempos de realización de la conducta, para alcanzar el efecto deseado. (Cada día necesito más.)
  • El síndrome de abstinencia es un cambio de comportamiento desadaptativo, caracterizado por un profundo malestar emocional (bajo estado de ánimo, insomnio, irritabilidad, inquietud, etc.) que aparece ante la no posibilidad de realizar la conducta. (Pierdo el control si me lo quitan.)
  • Interferencia en la vida cotidiana. (Es el tema de cada día y mi día a día se basa en eso.)

Por consiguiente, nos percatamos de la importancia de establecer un límite claro entre uso, abuso y adicción.

Uso: Cuando se realiza una conducta, pero no hay problemas asociados.
Abuso: Cuando hay una interferencia en la vida cotidiana de la persona, pero no hay síntomas de tolerancia y abstinencia.
Adicción: Cuando presentemos síntomas de dependencia y falta de control además de las consecuencias negativas interferentes en la vida cotidiana.
Estas características son fundamentales ya que nos permiten discriminar una adicción de una mera alta frecuencia de un comportamiento determinado, evitando la psicopatologización de la vida cotidiana.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

En España los datos apuntan a una prevalencia de alrededor del 0,8% de la población joven

Sin duda, la adolescencia es una etapa vital con unas características inherentes que la convierten en factor de riesgo. Se presentan una vulnerabilidad neurológica, una inmadurez prefrontal que dificulta la toma de decisiones, la capacidad para anticipar las consecuencias futuras, tanto positivas como negativas, de su conducta y para valorar los riesgos de una situación. Además aumenta la necesidad de autonomía, es la etapa fundamental de la búsqueda de identidad, es un momento de egocentrismo y es quizás en la etapa donde mayor influencia se tiene del entorno. Es por tanto, una época de inestabilidad, conflictividad con los padres y momento de máxima vulnerabilidad hacia las conductas de riesgo; el abuso o mal uso de las nuevas tecnologías entre ellas. Por estas razones debemos estar más alerta en esta etapa. La mayoria de los padres están preocupados por el uso que los jóvenes hacen… pero ¿Cúando debemos preocuparnos?

Signos de alarma

  • Privación de sueño ( Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud.)
  • Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos.
  • Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta.
  • Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.
  • Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un videojuego.
  • Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios.
  • Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador

En estos casos debemos consultar a un especialista o dirigirnos a: