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¿Van hacia atrás? ¿Están desorganizados?

¿Quieren hablar de la adopción constantemente?

¿Parece que necesiten escuchar todo el día que los queremos?

¿Vuelven a tener  o tienen picos de rabia y desregulación desmesurada?

Todo es parte del proceso de adaptación que comporta el confinamiento. El sistema de defensa y de regulación están activados reajustándose a la nueva realidad.

¡No te pierdas el vídeo!

El confinamiento como consecuencia de la covid-19 ha supuesto un cambio en nuestras rutinas, costumbres sociales y relaciones. Hemos vivido emociones intensas de nerviosismo, irritabilidad y tensión, y nos hemos visto obligados a reinventarnos y readaptarnos, poniendo en marcha todos nuestros recursos personales.

Esta situación que vivimos nos afecta a todos y a todas de una manera u otra, pero querría hacer una reflexión sobre lo que está pasando en las familias con niños, niñas y adolescentes adoptados y acogidos. Son menores que por su propia historia ya han vivido situaciones de aislamiento emocional y con experiencias de maltrato (sea físico, emocional o por negligencia). Sabemos que estas experiencias traumáticas quedan registradas en la memoria y hacen que el niño viva las relaciones como inseguras, puesto que los sistemas de defensa estuvieron muy activados en las primeras etapas infantiles y, por lo tanto, han generado una hiperactivación de las respuestas defensivas. Por todo esto, hablamos de la importancia sobre la teoría del apego y sus tipologías (descritas por Bowlby). Esta inseguridad en las relaciones de la que hablábamos y esta percepción de desconfianza hacia los otros genera mucha ansiedad en los niños y niñas. Les cuesta mucho confiar y sentirse seguros con los demás y acostumbran a estar en alerta. En algunas ocasiones, la ansiedad la mostrarán buscando constantemente el contacto y la atención de los adultos referentes, convirtiéndose en muy demandantes y dependientes para asegurarse así la presencia del otro. Sería la constante necesidad de asegurarse que los queremos. Esto dificulta la convivencia a menudo, puesto que es difícil potenciar la autonomía en ellos y ellas. Otras veces, la ansiedad la manifestarán marcando distancia con los referentes y desconectando emocionalmente, puesto que así se muestran como autosuficientes y autónomos, y tienen la falsa sensación de seguridad al ver que no necesitan los otros para estar bien. A estos niños y niñas les hará falta más espacio personal para ir ganando seguridad, a pesar de que seguirán necesitando adultos referentes que los vean y estén por ellos.

Como ya sabéis, todo esto tiene consecuencias importantes a escala estructural en nuestro cerebro y hace mucho más difícil la regulación personal. Esta es la razón por la que  hablamos de niños, niñas y adolescentes que funcionan a menudo con una edad emocional inferior que hace mucho más complicada la gestión y la regulación de las emociones, y, por supuesto, de la situación en la cual nos encontramos ahora.

El confinamiento, ¿qué ha implicado?

Estos días, muchas familias me explican diferentes realidades y querría poder reflexionar sobre cómo podemos entender mejor estos niños y niñas, y, así, ofrecerles herramientas para poder regular el desmadre de emociones que están viviendo.

Con el estado de alarma y el confinamiento la sensación de peligro está presente y los cambios estructurales de rutinas lo aumentan. Por eso, es frecuente que los niños y niñas que, como decía, tienen el sistema de defensa más activado, hayan podido revivir la sensación de malestar y de inseguridad. La gran diferencia es que en esta situación en la cual vivimos habrá unos referentes competentes que les podrán ofrecer seguridad y bienestar, haciendo así que registren a nivel cerebral estos nuevos modelos de funcionamiento y de experiencias de seguridad. El hecho que los niños vivan la percepción del tiempo de manera diferente a los adultos hace que este meses sean vividos como periodos mucho más largos, y ofrecen así la oportunidad de instaurar recursos y experiencias de seguridad y resiliencia durante todo este periodo.

Una de las cosas positivas del confinamiento es la oportunidad de reforzar y potenciar la vinculación afectiva con los niños y niñas. Nos encontramos en una situación dónde, de repente, la familia se encuentra en la misma casa, en un espacio compartido 24 h. Esto ha generado que la seguridad en la relación con los referentes se haya fortalecido. Muchas familias me han podido explicar como se ha reforzado el concepto familia o como se han dado con más frecuencia preguntas sobre la adopción, especialmente en los más pequeños. Pero, está claro, esta seguridad también ha comportado en algunas ocasiones ciertas regresiones para asegurar aquello que tanto necesitan, como es un aumento de las demandas confirmatorias como “¿Me quieres?”, miedos para ir a dormir, ciertas demandas de atención en aspectos evolutivos ya logrados, como los deberes por ejemplo. Todo esto es normal y es muy positivo. Esta nueva situación ha hecho que podamos permitirnos espacio y tiempo compartido para afianzar la vinculación.

Cierto es que muchas familias también me explicáis que el teletrabajo ha hecho que no podáis dedicarles todo el tiempo que querríais. Aun así, solo compartiendo tantas horas en un espacio compartido, haciendo más o menos actividades conjuntamente, es una oportunidad para ganar esta seguridad y potenciar las relaciones de vinculación.

Soy consciente que no todo ha sido fácil ni bonito. A pesar de que esta oportunidad de compartir espacio y tiempo es muy positiva por los aspectos mencionados, esta situación también ha llevado una desestructuración en las rutinas y en el día a día. Esto ha generado que sean mucho más visibles las dificultades de los niños, niñas y adolescentes. Cómo decía antes, las carencias en las primeras etapas de la infancia generan consecuencias estructurales en el cerebro, haciendo que áreas como las funciones ejecutivas tarden más a desarrollarse. Por eso, en muchas ocasiones, vemos niños y niñas adoptados y acogidos que presentan sintomatología similar al trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) o inmadurez en los aprendizajes a nivel general. El confinamiento ha hecho que perdemos la estructura que teníamos y que tan bien nos va, y ha hecho que se agraven aspectos como la distracción, concentración, olvidos de cosas necesarias, dificultad para planificar o realizar tareas escolares, aumento de las interrupciones, dificultad para acabar una tarea antes de empezar la otra, incluso conductas inapropiadas o regresivas. Hablaremos de como gestionar todo esto.

¿Cómo trabajar la pérdida de rutinas y la disposición hacia el aprendizaje? Como reforzar la atención, la concentración, las funciones ejecutivas?

Con muchas de las familias que acompaño he podido hablar estos días sobre reforzar los aspectos de regulación emocional, el trabajo en la organización y planificación y en las funciones ejecutivas.

1. Expectativas. No podemos llevar el ritmo de la escuela y tampoco mantener la motivación que desde el entorno escolar y social ofrecen a nuestros niños y niñas. Tampoco podemos ofrecer nosotros el mismo, no solo porque no somos maestros sino porque en muchas familias los referentes están teletrabajando. Tampoco podemos exigir que tengan ganas y disfruten de hacer las tareas. Solo podemos pedir que se esfuercen a hacerlo el mejor que puedan. No estamos de vacaciones. Por lo tanto, es importante recordarnos todos y todas que «lo haremos el mejor que podamos».

2. La regulación emocional. Cómo decíamos, esta situación nos ha comportado emociones de incertidumbre, nerviosismo o tensión, y en los niños hemos visto como esta desazón iba tirando subidas y bajadas. Entender la situación y poner de nuestra parte es imprescindible para una buena convivencia. En los más pequeños, utilizar técnicas como el semáforo puede ayudar a hacerlos conscientes de cuando están verdes (tranquilos), amarillos (alterados) o rojos (muy alterados). «Te veo en amarillo, ahora paramos y basura algo para poder estar en verde de nuevo para poder continuar» o «te veo en rojo, suelta la rabia y después, cuando estés más tranquilo, ya hablaremos». Ayudadlos a buscar los recursos que les permitan regular: estar solo un rato, saltar, correr, dar golpes a una almohada… Con los más mayores, plantear espacios por no entrar en discusiones verbales puede ayudar. También les irá bien un poco de ayuda en la busqueda de recursos para tranquilizarse.

3. Horarios. Los calendarios pueden ayudar a generar una nueva estructura.

Hora de despertarse, almorzar e higiene personal: Intentad que sea una hora próxima a la hora de antes.
Mañanas de trabajo: Preparad un espacio para poder trabajar sin distracciones y planificad el trabajo a hacer.
Ocio: ejercicio, hablar con los amigos, hacer cosas que nos gusten, jugar… Es importante poner límites en cuanto al tiempo dedicado al móvil y los videojuegos, especialmente a por la noche. En los anexos encontrarés más información sobre cómo poner estos límites.
Dormir: Marcad una hora para ir a dormir y mirad de no permitir el móvil y los videojuegos hasta la hora de ir a la cama. Es importante descansar de pantallas antes de dormir.

4. Acompañamiento en las tareas escolares. Muchas familias me habéis comentado como el confinamiento ha ofrecido la oportunidad de ver realmente como trabajan y aprenden vuestros hijos e hijas. Es importante dejar fuera los “debería” (“tendría que hacerlo sol/a”) y ponerse con él o ella para que vayamos consiguiendo los resultados que queremos. Estos resultados no van dirigidos a contenidos, sino a que aprendan herramientas y como estructurar las tareas a la hora de hacer los trabajos, como por ejemplo el uso de las autoinstrucciones escritas. Tenéis más información sobre ello en el anexo.

Primero, realizad un listado de los trabajos a hacer. Después las organizamos en el horario que tenemos para hacer trabajos. Una vez planificada la mañana de trabajos escolares, junto con las clases que algunos tengan, iremos ofreciendo autonomía a medida que veamos que van respondiendo.

Primero, leeremos con ellos la tarea a realizar. Una vez entendida, dejaremos que la hagan solos y podremos repasarla después. Si todavía requieren más acompañamiento, ofreceremos autoinstrucciones que los ayuden a entender el mecanismo y la estructura de la tarea.
Sé que queréis hijos e hijas autónomas dedicad tiempo a enseñarles a serlo.

5. ¡Pánico! No sé qué hacer…
A menudo nos encontraremos que no saben qué hacer y que pueden estar dando vueltas sin rumbo o pueden estar persiguiéndonos por la casa. Aprender a elegir es un aprendizaje más. Hacer un listado de actividades que les gusten (ejercicio físico, series, lectura, juegos solos, juegos en familia, trabajos manuales…) y ponedlo donde tengan un acceso fácil puede ayudar a hacer que aligeramos los momentos de aburrimiento. Enseñadles a elegir. Si les cuesta, empezad vosotros eligiendo dos cosas de la lista.

Y sobre todo, hay que tener dosis extra de paciencia. Habrá que revisar en qué puntos nos encontramos toda la familia. Parad y explicad que vosotros también estáis nerviosos. Sed modelos de como gestionar las emociones.

¿Cómo enfocar la gestión de los límites en situación de confinamiento?¿ hay que cambiar algo? ¿tenemos que ser más permisivos?

Es una situación nueva para todo el mundo y tenemos que ser flexibles en cosas. No podemos llevar el día como cuando íbamos a la escuela, puesto que no es así. Habrá una estructura nueva que tendremos que consolidar y co-construir. Llegad a acuerdos en aspectos como el uso de las tecnologías, horarios de ir a dormir… Pero siempre desde la coherencia y consistencia. Si se acuerda jugar a un videojuego/uso del móvil hasta una hora (entendiendo que habéis estado más flexibles que durante la rutina habitual), serán ellos/se las que tendrían que ser capaces de apagarlo cuando es la hora. Lo sé, puede parecer utópico en algunos casos, pero es el aprendizaje que queremos transmitir. Si no se cumple, quiere decir que no están preparados y al día siguiente no podrán tenerlo o jugar hasta tan tarde.
Seguiremos así hasta que regulen para aprender a parar. Con esto quiero decir que los límites de respeto o de regulación tienen que ser cómo hasta ahora. Evitad caer en el error de permitir ciertas conductas que nunca han sido permitidas y, por lo tanto, las consecuencias continuarán siendo las mismas también. Debemos ser firmes, coherentes y consistentes, manteniendo una comunicación positiva. Dentro de las limitaciones de la situación que vivimos, intentad mantener las rutinas.

¿Cómo afrontar la crisis de seguridad por parte de los niños, su elevada percepción de los riesgos?

La base recae en la comunicación y la psicoeducación. Para que sientan seguridad es importante que se sientan comprendidos, que expliquéis y respondáis sinceramente sus preguntas. Mirad de poneros en su piel y hacerles ver que los entendéis. Validar las emociones es importante. No los apartaremos de la realidad para evitar sufrimiento, sino que es básico para su seguridad que conozcan los riesgos y los mecanismos que pueden utilizar para afrontar la crisis de seguridad en la cual vivimos.

Anexos

La situación de emergencia sanitaria que vivimos ha hecho que desde el Espai Gut nos planteamos cuáles podrían ser las necesidades psicológicas en niños y adolescentes.

Con este cuento, queremos ofrecer herramientas para acompañar a los niños, niñas, adolescentes y adultos en la gestión de sus emociones en un momento tan difícil como el que vivimos, favoreciendo así el proceso de duelo y potenciando la resiliencia.

Lo podréis encontrar en diferentes idiomas. Gracias a todas las personas que voluntariamente han querido participar de las traducciones y las correcciones. ¡Sin vosotros esto no habría estado posible!

Esperamos que este pequeño cuento llegue a muchas familias y haga algo más fácil la situación.

-Equipo Infantojuvenil de Espai GUT-

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SITUACIÓN ACTUAL

 

Con el confinamiento consecuente al COVID-19 han cambiado nuestras costumbres sociales. Tanto aniversarios, como reuniones de amigos, como bodas, los estamos adaptando tecnológicamente. Esta situación anómala que vivimos ha puesto en marcha todos nuestros recursos, ya que hemos tenido de repente unos cambios sustanciales en todos los contextos de nuestra vida y nos hemos visto obligados a reinventarnos y readaptarnos.

Desgraciadamente, otro de los cambios sustanciales que ha provocado la pandemia del COVID-19 es la despedida de una persona querida que acaba de morir, sin poder hacer todo aquello que haríamos en una situación tan difícil com esta. Toda esta situación está generando particularidades a la hora de afrontar el duelo debido al COVID-19 en situación de confinamiento:

  • Nos encontramos con una alteración de las rutinas y con una pérdida de las relaciones habituales con personas significativas del entorno.
  • La intensidad de las emociones es más elevada de lo que podría ser en cualquier otra situación. En el confinamiento, las emociones se magnifican y se intensifican.
  • La ansiedad basal se ve elevada como consecuencia del  estado de alarma general. Las preocupaciones respecto la infección, la familia, o bien la situación económica, pueden generar estrés y momentos de ansiedad.
  • Será frecuente encontrarnos con situaciones de muerte súbita de personas conocidas y queridas.
  • Imposibilidad de prepararnos para la despedida, ni de realizarla.
  • Imposibilidad de realizar los rituales de despedida habituales (vela, entierro, funeral).

 

CÓMO GESTIONAR LAS COMPLICACIONES Y DIFICULTADES DE LA SITUACIÓN ACTUAL

 

  • Cuando el pronóstico del paciente sea desalentador, es importante empezar a tomar conciencia de la realidad y, en la medida de lo posible, iniciar un proceso de despedida.
  • El adiós puede hacerse a través de acciones concretas, como escribir una carta que alguien pueda leer al su ser querido, grabar un audio aunque el paciente se encuentre sedado o hacer cualquier ritual en el que la persona se sienta conectada con el enfermo/a.
  • Es irremediable que en estos momentos los familiares se vean afectados por toda una serie de emociones asociadas a esta vivencia y que dificulten la elaboración del duelo. Es por eso que es importante trabajarlas posteriormente.
  • Cuando pase la crisis sanitaria, se recomienda hacer actos o ceremonias especiales para despedir adecuadamente a la persona fallecida, rodeado de todo el amor y cariño de los más cercanos.
  • Es importante generar apoyo entre la familia. En estos momentos, el núcleo familiar no podrá juntarse o estar en el tanatorio, pero sí que hablar por teléfono, video y apoyarse de las formas que actualmente están a nuestro alcance.
  • La ausencia de contacto físico se puede suplir por decirle a la gente el importante que es para nosotros. Y mejor conversaciones telefónicas largas, no tanto por mensaje.
  • Aceptar un cierto grado de evitación o de distanciación emocional (no lloro, no estoy hecha polvo) es normal. Se trata de una respuesta de supervivencia y el esperable es que despacio se supere. Tampoco esto tiene que hacernos sentir culpables. Se necesita tiempo, no hay que agobiarse.
  • No es necesario tener presente el cuerpo para elaborar el duelo, sí que aceptar que ha pasado y darse cuenta del importante que ha sido la persona muerta para un mismo.
  • Para avanzar en el duelo se necesita tiempo. Hay que aceptar a la tristeza como compañera, pero al mismo tiempo hay que continuar haciendo cosas, porque el dolor agota y no se puede mantener.
  • Es recomendable dedicar una parte del día a ver las fotos de mi familiar, a llorarle, pero no es posible llenar mi cabeza todo el día de pensamientos tristes.
  • Pensar la manera en cómo ha muerto genera un dolor innecesario y ya es bastante con aceptar la pérdida, la tristeza y el grado de enfado. Es importante recordar que muchas veces, la persona ha sido sedada y otras personas, que saben hacer su trabajo, han estado aquí acompañándole.

 

PAUTAS GENERALES PARA AFRONTAR LA MUERTE EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA

 

La muerte es una temática de la que cuesta hablar, ya que comporta siempre sufrimiento y dolor. Podemos tender a excluir a los menores de la familia de estas situaciones, buscando evitarles o protegerlos de este dolor, pero esto sólo complica más la aceptación y la integración de lo que ha pasado. La muerte, aunque es muy dolorosa de gestionar, es una experiencia más de la vida y debemos intentar hablar de la forma más natural posible, para tener un buen desarrollo emocional.

 

¿Cómo podemos ayudar a favorecer un buen desarrollo emocional en momentos tan difíciles como los que vivimos?

 

  • Comunicación durante el ingreso

Cuando nos enteramos de que un familiar o conocido ha sido ingresado en el hospital es importante mantener la calma. Nos invadirán emociones intensas de miedo, preocupación, angustia, tristeza… que debemos poder dejar salir y gestionar. Antes de transmitir cualquier información al infante, primero debemos poder gestionar estas emociones nosotros y conseguir la tranquilidad.

Una vez más tranquilos, dentro de lo que la situación permite, podremos sentarnos y comunicar la noticia. Hay que buscar un momento tranquilo, sin distracciones, en un lugar acogedor y utilizar vocabulario adecuado a su edad.

Es bueno ser sinceros y responder sus preguntas. Recordamos que en la infancia se pueden confundir fantasía con realidad. Por tanto, todo lo que no les expliquemos, se lo pueden imaginar tergiversando la realidad.

Cuando haya entendido la situación, les podemos dar la oportunidad de hacer dibujos o escribir cartas al paciente durante el ingreso. También, si es posible, podemos hacer videoconferencias.

 

  • Comunicación de la muerte

Tiene que ser el adulto de referencia y con un vínculo afectivo más fuerte quien comunique la noticia. Debería ser lo más pronto posible para evitar que el infante tenga reacciones emocionales descontextualizadas y se preocupe en exceso. Deberíamos decírselo en un lugar tranquilo y privado (como puede ser su habitación), con un tono de voz sosegado y respondiendo a la necesidad de contacto físico.

Hay explicar la verdad de lo que ha pasado, utilizando la palabra muerte sin eufemismos. Debemos utilizar un lenguaje sencillo y claro, cálido y afectuoso. Deberíamos evitar formas verbales como «se ha ido» o «nos ha dejado», no queremos dar pie a falsas esperanzas de retorno. Es esencial no mentir. Si no tenemos una respuesta concreta, lo podemos reconocer.

Validar que estamos tristes y que es normal sentirse así es importante. Le debe quedar muy claro que no es culpa suya. Posiblemente es obvio para los adultos, pero para los pequeños no siempre lo es.

  • Compartir las emociones

Da la oportunidad de hablar de la persona que ha fallecido, ayúdalo a ponerle palabras para explicar sus emociones y sentimientos. Permitiros llorar juntos/as y por separado. No debemos esconder lo que nosotros sentimos ante la pérdida, podemos expresar que estamos tristes y hacerle de modelo de afrontamiento: hablar sobre la persona que ha muerto, recordar momentos agradables vividos… No esconder el propio dolor le mostrará que los demás también somos vulnerables y que queremos compartir su tristeza. Ver que los adultos lloran o están tristes y que siguen adelante da mucha más seguridad.

  • Darle la oportunidad de expresarse

Cuando necesite hablar, le escucharemos, le diremos que lo comprendemos, hablaremos, respetaremos que llore si lo necesita y evitaremos frases como «no estés triste», «no llores más»…

  • Atender sus preocupaciones y miedos

Debemos responder a sus dudas y si no sabemos cómo hacerlo, le diremos que no tenemos la respuesta y que nosotros también nos preguntamos lo mismo y nos gustaría saberlo.

  • Ayudar y  ofrecerle seguridad

Es importante que se sienta comprendido, responder sinceramente sus preguntas, ponernos en su piel y hacerle ver que lo entendemos. Validar las emociones es importante. No lo apartaremos de la realidad para evitar sufrimiento, y le daremos todo el apoyo y ofreceremos la seguridad que necesita, como siempre.

Si el/la niño/a muestra mucha preocupación porque la causa de la muerte haya sido la COVID-19, podemos explicarle que otras muchas personas con la misma dolencia se curan. Así evitaremos que sufra de más si algún conocido o familiar la tiene.

  • Dosis extra de paciencia

Cada niño/a necesita su tiempo y forma para completar el duelo, así como los adultos. Entre las consecuencias más habituales del proceso de duelo en niños/as y adolescentes nos encontraremos:

  • Somatizaciones (dolor de cabeza, dolor de estómago…)
  • Dificultad para concentrarse y estar atento.
  • Irritabilidad.
  • Ansiedad por separación (no querer separarse de los adultos de referencia).
  • Llanto incontrolado e inconsolable.
  • Aumento de los miedos a la oscuridad, a dormir solo, a ir al lavabo…

 

  • Respetar su espacio y Reforzarlo positivamente

Nos encontraremos con momentos en que no tenga ganas de hablar o que, incluso, prefiera estar solo/a. Debemos respetar su espacio. También podemos proponerle que hable con alguien de fuera de la familia como sus amigos.

Tanto verbal, como físicamente continuaremos reforzando sus cualidades y daremos una dosis extra de muestras de afecto: besos, abrazos, frases cariñosas…

  • Hacerle entender que las normas y límites no han cambiado

Hay que evitar caer en el error de permitir ciertas conductas que nunca han sido permitidas y, por lo tanto, las consecuencias continuarán siendo las mismas también. Tenemos que ser firmes, coherentes y consistentes, manteniendo una comunicación positiva. Dentro de las limitaciones de la situación que estamos vivimos, intentaremos mantener las rutinas.

  • Cuando esté preparado/a, hacerlo/a partícipe de los rituales funerarios.

Una vez acabe el confinamiento, es positivo permitir que vaya al cementerio o que lleve flores, pero hasta entonces, podemos acompañarlo/a para que haga dibujos, una carta o una caja de recuerdos… para facilitar que pueda expresar lo que siente y que pueda despedirse de alguna manera de la persona querida.

 

RECORDEMOS QUE…

• La situación de emergencia sanitaria actual generará situaciones de muertes repentinas en muchas familias y no poder estar físicamente cerca de las personas que estimamos todavía lo dificulta más.

Podemos adaptar las despedidas a la situación. Podemos hacer videollamadas, cartas, dibujos y debemos  poder compartir como nos sentimos para poder ir asimilando la pérdida.

Debemos hablar de lo que ha pasado. No hablar sobre un hecho doloroso para evitar el sufrimiento de los menores, limita la expresión emocional de los niños y niñas evitando que puedan activar sus recursos personales que les serán útiles a lo largo de la vida.

Todos/as los/as niños/as y adolescentes tienen derecho a recibir la información que sea ajustada a la situación real, teniendo en cuenta el momento de desarrollo en el cual se encuentran.

No hay una forma única y universal de expresión del malestar. Todos tenemos la nuestra y todas son válidas.

 

ANEXOS

Aquí encontrarás ideas para poder acompañar a los/as pequeños/as desde casa tanto en la despedida como en la expresión emocional.

  • Comprensión del concepto de la muerte a lo largo del desarrollo (Català / Castellano)

En este documento encontrarás más información sobre cómo se desarrolla el concepto de la muerte durante las diferentes etapas del desarrollo y las reacciones que podemos observar en los niños y las niñas.

Aquí os hacemos llegar un listado de cuentos y guías para abordar el tema del duelo por si queréis

profundizar más.

  • Cuento para acompañar el duelo y favorecer la resiliencia  Descargar ¡Lo tenéis en 10 idiomas!

La situación de emergencia sanitaria ha hecho que desde ESPAI GUT nos planteemos cuáles podrían ser las necesidades psicológicas en niños y adolescentes.Esperamos que este material llegue a muchas familias y haga algo más fácil la situación.

 

Bibliografía consultada

    • González L, Mollà L., Pérez-Campdepadrós M. y Polo D. ( 25 de Marzo de 2020) Afrontamiento del duelo en la infancia y adolescencia en contexto de pandemia por SARS-CoV-2. Pautes per a les famílies. Faros Sant Joan de Déu. Recuperado de: https://faros.hsjdbcn.org/es
    • Carla Aliño y Marina Segura (22 de Marzo de 2020) Estrategias para elaborar el duelo en una crisis sanitaria. La Vanguardia. Recuperado de https://www.lavanguardia.com
    • Colegio oficial de psicólogos de Cataluña (27 de Marzo de 2020) Recomendaciones para afrontar la muerte de una persona querida durante el confinamiento por la epidemia de COVID-19. Colegio oficial de psicólogos de Cataluña.  Recuperat de https://www.copc.cat
    • Instituto IPIR (Marzo 2020) Guía para las personas que sufren una pérdida en tiempos de coronavirus. (COVID-19). Instituto IPIR. Recuperado de http://www.ipirduelo.com

 

 

 

¿Por qué mi hijo/a adoptado/a…?

  • ¿Tiene momentos de tanta rabia que no los puede controlar?
  • ¿Se frustra tan rápido?
  • ¿En algunos momentos parece más pequeño de la edad que tiene o a veces, en cambio,parece más mayor?
  • ¿Después de tantos años con nosotros sigue teniendo miedo?
  • ¿Le cuesta demostrarnos que nos quiere?
  • ¿Quiere gustar a todo el mundo?
  • ¿Le cuesta tanto hacernos caso?

Estas son preguntas que muchos de los padres adoptivos y profesionales que trabajamos con la adopción nos hacemos. Por un momento deberíamos dejar a un lado las gafas con las que miramos siempre, ¿es hiperactivo?, ¿me toma el pelo y no me hace caso?, ¿no le gusta que le abracen?, ¿quiere que le abrace todo el rato?…

Para poder entender el mundo interno de estos niños y así, ofrecerles la ayuda que ellos precisan, es necesario cambiar esas gafas por otras que busquen entender su historia, su desarrollo, sus primeras relaciones afectivas de apego, ya que es esto es lo que modulará su desarrollo y sus relaciones futuras

”El vínculo es la predisposición biológica de buscar y mantener la proximidad del cuidador, especialmente en situaciones de peligro, para así asegurar la supervivencia.”
Barudy

Cuando un niño nace en un entorno que le ofrece un contexto bien tratante y seguro, parte de unos referentes competentes que ofrecen respuestas coherentes y consistentes a sus necesidades. Esto significa que el niño puede ir regulando sus necesidades, ya que hay un adulto al que está apegado que le protege y le ofrece lo que necesita. Así aprendemos que cuando tengo hambre y lloro mi mamá o papá me darán lo necesario para que esa molestia pase. Esto me permite estar tranquilo y seguro, por lo que puedo dedicar mi tiempo a curiosear mi entorno y relacionarme con los que estén en él.

¿Qué ocurre cuando esto no funciona?, ¿qué pasa si lloro y no viene nadie?, ¿qué pasa si lloro y se me responden solo a veces?, ¿o si se me responde agresivamente? ¡El miedo se dispara! ya que el bebé se siente totalmente vulnerable y dependiente de unos adultos que no le pueden regular. Así entra en la desesperación de lograr estabilizarse, o bien desconectando o haciendo llamadas de socorro cada vez más elevadas. Aquí inicia la lucha de activar todos los recursos que tenga para llamar su atención, con un miedo intenso debido a la falta de seguridad, y dejando de lado la exploración del contexto y las posibles relaciones. Si esto se perpetua en estos primeros años, los cimientos del desarrollo del niño van a verse inestables, construyendo sobre ellos y haciendo que la casa se tambalee. Aquí nace el apego inseguro.

Como decíamos podríamos plantear dos extremos. En un extremo tendríamos la evitación. Esta se da cuando se utiliza la estrategia de desconexión ante la falta de respuesta o respuesta agresiva del adulto. En este caso, hablamos de que la alarma que nos avisa del peligro, de tanto intentar avisar al adulto sin éxito, se ha estropeado y se desactiva. Esto hace que los niños ante el miedo a ser abandonados, crezcan con la falsa idea de no necesitar a nadie como medida de defensa. La relación es insegura, ya que el otro no está disponible. En el otro extremo tendríamos la ansiedad ambivalente.En este caso el miedo a ser abandonado hace que las relaciones se basen en asegurar la disponibilidad del otro, siendo la demanda y comprobación constante la forma de relación. En este caso la alarma se ha estropeado y no para de sonar.

Todo esto tiene consecuencias importantes a nivel estructural en nuestro cerebro y hace mucho más difícil la regulación personal. Siegle explica esto de una manera muy sencilla. El cerebro tiene tres niveles que se van desarrollando como nuestra mano.

“La manera en que interaccionamos con nuestros hijos cuando están alterados, afecta considerablemente al desarrollo de su cerebro y, por lo tanto, al tipo de personas que son ahora y serán en el futuro”
Siegle

El cerebro inferior o cerebro reptiliano Es el más primitivo. Se encarga de los reflejos y repuestas innatas. (Tronco encefálico) En nuestra mano vendría representado por la muñeca.

El cerebro emocional Estaría en el segundo nivel siendo el encargado de procesar las emociones intentas. (Sistema límbico) En nuestra mano vendría representado por el dedo pulgar. Entre este y el primero se sitúa la alarma del peligro que hemos ido comentando anteriormente (amígdala)

El cerebro superior Se iría cerrando el puño hasta conseguir el cerebro pleno. Se encarga del pensamiento y la regulación. (Neocortex) En nuestra mano vendría representado por los dedos poco a poco más cerrados hasta que se completa el puño.

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Cuando una persona se enfrenta a una emoción intensa (rabia, tristeza, miedo…) nuestro cerebro detecta el peligro y la alarma hace despertar todos los mecanismos de defensa. En ese momento está funcionando como en la figura 2. No puede pensar, no reflexiona, no está receptivo. Está con todos los mecanismos de defensa activados. Si ha tenido la suerte de nacer en un mundo seguro, habrá aprendido a ir pasado de 2 a 3 e ir regulando dicha emoción. Pero, ¿qué pasa si viene de un mundo inseguro? El paso de 2 a 3 se hace realmente difícil. No fue regulado cuando era bebé, por lo que no ha podido aprender a regularse, de hecho a veces no siquiera si es posible hacerlo.

¿Eso es que tiene problemas de hiperactividad? ¿Eso es que quiere explotar y hacer daño a otros? ¿Eso es negativismo desafiante?

¡NO! Eso es que en su desarrollo han faltado escalones clave, han faltado los aprendizajes de autorregulación; a pesar de verse expuesto al mismo número de situaciones conflictivas que los demás, incluso de más duras. Estas experiencias tan difíciles han ido haciendo que esta alarma estropeada suene por cualquier detonante mínimo que pueda tener una relación con su historia de vida, que le genere frustración o le provoque miedo al rechazo o abandono. Por lo tanto esta alarma detecta muchos más peligros de los que realmente hay y este cerebro se ve muy a menudo en posición de la imagen 2, con el el cerebro emocional hiperactivado.

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En esta charla que realizamos con AFNE pudimos profundizar en estos aspectos y reflexionar sobre el desarrollo y las consecuencias de estas desventajas que sufrieron en la primera infancia en el día a día de nuestros niños y adolescentes.

Aquí podéis ver el vídeo:

Sólo se puede ver correctamente con el corazón; lo esencial permanece invisible para el ojo.
 Antonine de Saint-Exupéry, El principito. 

¿Qué son las emociones?

Una emoción es un proceso que se activa cuando el organismo detecta algún peligro, amenaza o desequilibrio con el fin de poner en marcha los recursos a su alcance para controlar la situación (Fernández-Abascal y Palmero, 1999). Como explica el experto en el tema Daniel Goleman, todas las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar, programas de reación automática con los que nos ha dotado la evolución. Por lo tanto, las emociones son mecanismos  propios del ser humano que nos ayudan a reaccionar con rapidez ante acontecimientos inesperados y que funcionan de manera automática.

Cada persona experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, su aprendizaje y de la situación que se esté viviendo. Esto hace que existan centenares de emociones, se entremezclen entre ellas y haya distintas variedades y matices diferentes entre todas ellas. En realidad, existen más sutilezas en la emoción que palabras para describirlas, afirma Goleman.

¿Cúales son las emociones básicas?

del-revesTodas las emociones son válidas, no hay buenas ni malas. Se pueden clasificar en positivas o negativas en función de su contribución al bienestar o malestar, pero todas ellas cumplen funciones importantes en la vida. Los expertos siguen investigando para llegar a un consenso de cúales serían las emociones básicas, pero generalmente hablamos de las siguientes:

  • ALEGRÍA: Sensación de bienestar y de seguridad que sentimos cuando conseguimos algún deseo o vemos cumplida alguna ilusión. Nos induce hacia la repetición, ya que todos deseamos reproducir aquello que nos ha hecho sentir bien.
  • TRISTEZA: Pena, soledad, pesimismo ante la pérdida de algo importante o cuando nos han decepcionado. La función de la tristeza es la de pedir ayuda y nos indica de que algo no va bien.
  • MIEDO: Anticipación de una amenaza o peligro (real o imaginario) que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad. El miedo es necesario ya que nos sirve para apartarnos de un peligro y actuar con precaución.
  • AVERSIÓN: Disgusto o asco hacia aquello que tenemos delante. Nos produce rechazo y solemos alejarnos.
  • IRA: Rabia, enfado que aparece cuando las cosas no salen como queremos o nos sentimos amenazados por algo o alguien.Es adaptativo cuando impulsa a hacer algo para resolver un problema o cambiar una situación difícil. Puede conllevar riesgos de inadaptación cuando se expresa de manera inadecuada.

inteligencia-emocial

¿Qué es la inteligencia emocional? ¿Cómo regulamos dichas emociones?

La inteligencia emocional es el proceso a través del cual los niños adquieren y aplican de manera efectiva los conocimientos, aptitudes y habilidades para entender, expresar y manejar las emociones. Dichas habilidades se van aprendiendo desde pequeños y pueden ser desarrolladas por medio del aprendizaje y la experiencia cotidiana. Los niños irán formando su madurez emocional a medida que los adultos les enseñen en casa o escuela e irán desarrollándose hasta llegar a ser adultos capaces de autoconocerse, autoregularse, tener consciencia social y tomar decisiones teniendo en cuenta las emociones propias y agenas. Pero esto no es tarea fácil; Para llegar al autoconocimiento y autoregulación iremos haciendo pequeños pasos e iremos  desarrollando distintas habilidades.

Identificación emocional:

Para trabajar con las emociones es imprescindible primero conocerlas, ofrecer vocabulario y trabajar sobre ello.

Percepción y reconocimiento emocional

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A través de estados y sensaciones fisiológicas y cognitivas podemos percibir qué emociones estamos sintiendo y cómo nuestro cuerpo nos lo indica.

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Expresión emocional:

Implica la capacidad para expresar adecuadamente los sentimientos y las necesidades asociadas a los mismos en el momento oportuno y del modo correcto.

Comprensión emocional:

Incluye no solo percibirlas y comprenderlas sino también reconocer las causas que las generan y las consecuencias futuras de las acciones que realizamos.

Regulación emocional:

Es la capacidad de modular emociones, pensamientos y comportamientos de manera efectiva en diferentes situaciones como la gestión del estrés, la frustración y rabia, el control de impulsos, la automotivación y la capacidad de establecer y trabajar metas personales (esfuerzo).

¿Por qué también es una cuestión de la escuela?

Las habilidades socioemocionales son las habilidades esenciales para el éxito en la escuela, el trabajo y en la vida. El aprendizaje socio emocional se centra conectando el cuerpo y la mente, reduciendo la tensión emocional y permitiendo que los niños estén abiertos a nuevos contenidos. Si queremos que los niños sean exitosos en sus aprendizajes y en su desarrollo personal debemos tener en cuenta que necesitan nuestro acomptañamiento y dedicación para enseñarles las habilidades y competencias básicas de la inteligencia emocional:

  1. Autoconocimiento: Es la capacidad de comprender y reconocer las emociones, así como las sensaciones fisiológicas y cognitivas que ellas conllevan e incluye el reconocimiento de las causas que las generan y las consecuencias futuras de nuestras acciones.
  2. Autoregulación: Es la capacidad de gestionar las emociones, pensamientos y comportamientos  que se nos presentan en las diferentes situaciones. Siendo concientes de ellos y modulándolos con nuestros recursos.
  3. Competencia social y empatía: Es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y empatizar con otras personas de diversos orígenes, culturas o realidades siendo capaz de comprender y respetar las vivencias internas del otro.
  4. Habilidades sociales: Son las habilidades que permiten establecer y mantener relaciones positivas con los otros.
  5. Toma de decisiones responsables: Es la capacidad de tomar decisiones constructivas y respetuosas sobre el comportamiento personal y la interacción social buscado el bienestar de sí mismo y de los demás.

¿Quieres saber más?

Las cinco claves de la educación emocional 

Proximamente seguiremos profundizando en la inteligencia emocional y la necesidad de su desarrollo para el aprendizaje y crecimiento pleno.