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¿Van hacia atrás? ¿Están desorganizados?

¿Quieren hablar de la adopción constantemente?

¿Parece que necesiten escuchar todo el día que los queremos?

¿Vuelven a tener  o tienen picos de rabia y desregulación desmesurada?

Todo es parte del proceso de adaptación que comporta el confinamiento. El sistema de defensa y de regulación están activados reajustándose a la nueva realidad.

¡No te pierdas el vídeo!

El confinamiento como consecuencia de la covid-19 ha supuesto un cambio en nuestras rutinas, costumbres sociales y relaciones. Hemos vivido emociones intensas de nerviosismo, irritabilidad y tensión, y nos hemos visto obligados a reinventarnos y readaptarnos, poniendo en marcha todos nuestros recursos personales.

Esta situación que vivimos nos afecta a todos y a todas de una manera u otra, pero querría hacer una reflexión sobre lo que está pasando en las familias con niños, niñas y adolescentes adoptados y acogidos. Son menores que por su propia historia ya han vivido situaciones de aislamiento emocional y con experiencias de maltrato (sea físico, emocional o por negligencia). Sabemos que estas experiencias traumáticas quedan registradas en la memoria y hacen que el niño viva las relaciones como inseguras, puesto que los sistemas de defensa estuvieron muy activados en las primeras etapas infantiles y, por lo tanto, han generado una hiperactivación de las respuestas defensivas. Por todo esto, hablamos de la importancia sobre la teoría del apego y sus tipologías (descritas por Bowlby). Esta inseguridad en las relaciones de la que hablábamos y esta percepción de desconfianza hacia los otros genera mucha ansiedad en los niños y niñas. Les cuesta mucho confiar y sentirse seguros con los demás y acostumbran a estar en alerta. En algunas ocasiones, la ansiedad la mostrarán buscando constantemente el contacto y la atención de los adultos referentes, convirtiéndose en muy demandantes y dependientes para asegurarse así la presencia del otro. Sería la constante necesidad de asegurarse que los queremos. Esto dificulta la convivencia a menudo, puesto que es difícil potenciar la autonomía en ellos y ellas. Otras veces, la ansiedad la manifestarán marcando distancia con los referentes y desconectando emocionalmente, puesto que así se muestran como autosuficientes y autónomos, y tienen la falsa sensación de seguridad al ver que no necesitan los otros para estar bien. A estos niños y niñas les hará falta más espacio personal para ir ganando seguridad, a pesar de que seguirán necesitando adultos referentes que los vean y estén por ellos.

Como ya sabéis, todo esto tiene consecuencias importantes a escala estructural en nuestro cerebro y hace mucho más difícil la regulación personal. Esta es la razón por la que  hablamos de niños, niñas y adolescentes que funcionan a menudo con una edad emocional inferior que hace mucho más complicada la gestión y la regulación de las emociones, y, por supuesto, de la situación en la cual nos encontramos ahora.

El confinamiento, ¿qué ha implicado?

Estos días, muchas familias me explican diferentes realidades y querría poder reflexionar sobre cómo podemos entender mejor estos niños y niñas, y, así, ofrecerles herramientas para poder regular el desmadre de emociones que están viviendo.

Con el estado de alarma y el confinamiento la sensación de peligro está presente y los cambios estructurales de rutinas lo aumentan. Por eso, es frecuente que los niños y niñas que, como decía, tienen el sistema de defensa más activado, hayan podido revivir la sensación de malestar y de inseguridad. La gran diferencia es que en esta situación en la cual vivimos habrá unos referentes competentes que les podrán ofrecer seguridad y bienestar, haciendo así que registren a nivel cerebral estos nuevos modelos de funcionamiento y de experiencias de seguridad. El hecho que los niños vivan la percepción del tiempo de manera diferente a los adultos hace que este meses sean vividos como periodos mucho más largos, y ofrecen así la oportunidad de instaurar recursos y experiencias de seguridad y resiliencia durante todo este periodo.

Una de las cosas positivas del confinamiento es la oportunidad de reforzar y potenciar la vinculación afectiva con los niños y niñas. Nos encontramos en una situación dónde, de repente, la familia se encuentra en la misma casa, en un espacio compartido 24 h. Esto ha generado que la seguridad en la relación con los referentes se haya fortalecido. Muchas familias me han podido explicar como se ha reforzado el concepto familia o como se han dado con más frecuencia preguntas sobre la adopción, especialmente en los más pequeños. Pero, está claro, esta seguridad también ha comportado en algunas ocasiones ciertas regresiones para asegurar aquello que tanto necesitan, como es un aumento de las demandas confirmatorias como “¿Me quieres?”, miedos para ir a dormir, ciertas demandas de atención en aspectos evolutivos ya logrados, como los deberes por ejemplo. Todo esto es normal y es muy positivo. Esta nueva situación ha hecho que podamos permitirnos espacio y tiempo compartido para afianzar la vinculación.

Cierto es que muchas familias también me explicáis que el teletrabajo ha hecho que no podáis dedicarles todo el tiempo que querríais. Aun así, solo compartiendo tantas horas en un espacio compartido, haciendo más o menos actividades conjuntamente, es una oportunidad para ganar esta seguridad y potenciar las relaciones de vinculación.

Soy consciente que no todo ha sido fácil ni bonito. A pesar de que esta oportunidad de compartir espacio y tiempo es muy positiva por los aspectos mencionados, esta situación también ha llevado una desestructuración en las rutinas y en el día a día. Esto ha generado que sean mucho más visibles las dificultades de los niños, niñas y adolescentes. Cómo decía antes, las carencias en las primeras etapas de la infancia generan consecuencias estructurales en el cerebro, haciendo que áreas como las funciones ejecutivas tarden más a desarrollarse. Por eso, en muchas ocasiones, vemos niños y niñas adoptados y acogidos que presentan sintomatología similar al trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) o inmadurez en los aprendizajes a nivel general. El confinamiento ha hecho que perdemos la estructura que teníamos y que tan bien nos va, y ha hecho que se agraven aspectos como la distracción, concentración, olvidos de cosas necesarias, dificultad para planificar o realizar tareas escolares, aumento de las interrupciones, dificultad para acabar una tarea antes de empezar la otra, incluso conductas inapropiadas o regresivas. Hablaremos de como gestionar todo esto.

¿Cómo trabajar la pérdida de rutinas y la disposición hacia el aprendizaje? Como reforzar la atención, la concentración, las funciones ejecutivas?

Con muchas de las familias que acompaño he podido hablar estos días sobre reforzar los aspectos de regulación emocional, el trabajo en la organización y planificación y en las funciones ejecutivas.

1. Expectativas. No podemos llevar el ritmo de la escuela y tampoco mantener la motivación que desde el entorno escolar y social ofrecen a nuestros niños y niñas. Tampoco podemos ofrecer nosotros el mismo, no solo porque no somos maestros sino porque en muchas familias los referentes están teletrabajando. Tampoco podemos exigir que tengan ganas y disfruten de hacer las tareas. Solo podemos pedir que se esfuercen a hacerlo el mejor que puedan. No estamos de vacaciones. Por lo tanto, es importante recordarnos todos y todas que «lo haremos el mejor que podamos».

2. La regulación emocional. Cómo decíamos, esta situación nos ha comportado emociones de incertidumbre, nerviosismo o tensión, y en los niños hemos visto como esta desazón iba tirando subidas y bajadas. Entender la situación y poner de nuestra parte es imprescindible para una buena convivencia. En los más pequeños, utilizar técnicas como el semáforo puede ayudar a hacerlos conscientes de cuando están verdes (tranquilos), amarillos (alterados) o rojos (muy alterados). «Te veo en amarillo, ahora paramos y basura algo para poder estar en verde de nuevo para poder continuar» o «te veo en rojo, suelta la rabia y después, cuando estés más tranquilo, ya hablaremos». Ayudadlos a buscar los recursos que les permitan regular: estar solo un rato, saltar, correr, dar golpes a una almohada… Con los más mayores, plantear espacios por no entrar en discusiones verbales puede ayudar. También les irá bien un poco de ayuda en la busqueda de recursos para tranquilizarse.

3. Horarios. Los calendarios pueden ayudar a generar una nueva estructura.

Hora de despertarse, almorzar e higiene personal: Intentad que sea una hora próxima a la hora de antes.
Mañanas de trabajo: Preparad un espacio para poder trabajar sin distracciones y planificad el trabajo a hacer.
Ocio: ejercicio, hablar con los amigos, hacer cosas que nos gusten, jugar… Es importante poner límites en cuanto al tiempo dedicado al móvil y los videojuegos, especialmente a por la noche. En los anexos encontrarés más información sobre cómo poner estos límites.
Dormir: Marcad una hora para ir a dormir y mirad de no permitir el móvil y los videojuegos hasta la hora de ir a la cama. Es importante descansar de pantallas antes de dormir.

4. Acompañamiento en las tareas escolares. Muchas familias me habéis comentado como el confinamiento ha ofrecido la oportunidad de ver realmente como trabajan y aprenden vuestros hijos e hijas. Es importante dejar fuera los “debería” (“tendría que hacerlo sol/a”) y ponerse con él o ella para que vayamos consiguiendo los resultados que queremos. Estos resultados no van dirigidos a contenidos, sino a que aprendan herramientas y como estructurar las tareas a la hora de hacer los trabajos, como por ejemplo el uso de las autoinstrucciones escritas. Tenéis más información sobre ello en el anexo.

Primero, realizad un listado de los trabajos a hacer. Después las organizamos en el horario que tenemos para hacer trabajos. Una vez planificada la mañana de trabajos escolares, junto con las clases que algunos tengan, iremos ofreciendo autonomía a medida que veamos que van respondiendo.

Primero, leeremos con ellos la tarea a realizar. Una vez entendida, dejaremos que la hagan solos y podremos repasarla después. Si todavía requieren más acompañamiento, ofreceremos autoinstrucciones que los ayuden a entender el mecanismo y la estructura de la tarea.
Sé que queréis hijos e hijas autónomas dedicad tiempo a enseñarles a serlo.

5. ¡Pánico! No sé qué hacer…
A menudo nos encontraremos que no saben qué hacer y que pueden estar dando vueltas sin rumbo o pueden estar persiguiéndonos por la casa. Aprender a elegir es un aprendizaje más. Hacer un listado de actividades que les gusten (ejercicio físico, series, lectura, juegos solos, juegos en familia, trabajos manuales…) y ponedlo donde tengan un acceso fácil puede ayudar a hacer que aligeramos los momentos de aburrimiento. Enseñadles a elegir. Si les cuesta, empezad vosotros eligiendo dos cosas de la lista.

Y sobre todo, hay que tener dosis extra de paciencia. Habrá que revisar en qué puntos nos encontramos toda la familia. Parad y explicad que vosotros también estáis nerviosos. Sed modelos de como gestionar las emociones.

¿Cómo enfocar la gestión de los límites en situación de confinamiento?¿ hay que cambiar algo? ¿tenemos que ser más permisivos?

Es una situación nueva para todo el mundo y tenemos que ser flexibles en cosas. No podemos llevar el día como cuando íbamos a la escuela, puesto que no es así. Habrá una estructura nueva que tendremos que consolidar y co-construir. Llegad a acuerdos en aspectos como el uso de las tecnologías, horarios de ir a dormir… Pero siempre desde la coherencia y consistencia. Si se acuerda jugar a un videojuego/uso del móvil hasta una hora (entendiendo que habéis estado más flexibles que durante la rutina habitual), serán ellos/se las que tendrían que ser capaces de apagarlo cuando es la hora. Lo sé, puede parecer utópico en algunos casos, pero es el aprendizaje que queremos transmitir. Si no se cumple, quiere decir que no están preparados y al día siguiente no podrán tenerlo o jugar hasta tan tarde.
Seguiremos así hasta que regulen para aprender a parar. Con esto quiero decir que los límites de respeto o de regulación tienen que ser cómo hasta ahora. Evitad caer en el error de permitir ciertas conductas que nunca han sido permitidas y, por lo tanto, las consecuencias continuarán siendo las mismas también. Debemos ser firmes, coherentes y consistentes, manteniendo una comunicación positiva. Dentro de las limitaciones de la situación que vivimos, intentad mantener las rutinas.

¿Cómo afrontar la crisis de seguridad por parte de los niños, su elevada percepción de los riesgos?

La base recae en la comunicación y la psicoeducación. Para que sientan seguridad es importante que se sientan comprendidos, que expliquéis y respondáis sinceramente sus preguntas. Mirad de poneros en su piel y hacerles ver que los entendéis. Validar las emociones es importante. No los apartaremos de la realidad para evitar sufrimiento, sino que es básico para su seguridad que conozcan los riesgos y los mecanismos que pueden utilizar para afrontar la crisis de seguridad en la cual vivimos.

Anexos

La situación de emergencia sanitaria que vivimos ha hecho que desde el Espai Gut nos planteamos cuáles podrían ser las necesidades psicológicas en niños y adolescentes.

Con este cuento, queremos ofrecer herramientas para acompañar a los niños, niñas, adolescentes y adultos en la gestión de sus emociones en un momento tan difícil como el que vivimos, favoreciendo así el proceso de duelo y potenciando la resiliencia.

Lo podréis encontrar en diferentes idiomas. Gracias a todas las personas que voluntariamente han querido participar de las traducciones y las correcciones. ¡Sin vosotros esto no habría estado posible!

Esperamos que este pequeño cuento llegue a muchas familias y haga algo más fácil la situación.

-Equipo Infantojuvenil de Espai GUT-

Descargar aquí

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¿Por qué mi hijo/a adoptado/a…?

  • ¿Tiene momentos de tanta rabia que no los puede controlar?
  • ¿Se frustra tan rápido?
  • ¿En algunos momentos parece más pequeño de la edad que tiene o a veces, en cambio,parece más mayor?
  • ¿Después de tantos años con nosotros sigue teniendo miedo?
  • ¿Le cuesta demostrarnos que nos quiere?
  • ¿Quiere gustar a todo el mundo?
  • ¿Le cuesta tanto hacernos caso?

Estas son preguntas que muchos de los padres adoptivos y profesionales que trabajamos con la adopción nos hacemos. Por un momento deberíamos dejar a un lado las gafas con las que miramos siempre, ¿es hiperactivo?, ¿me toma el pelo y no me hace caso?, ¿no le gusta que le abracen?, ¿quiere que le abrace todo el rato?…

Para poder entender el mundo interno de estos niños y así, ofrecerles la ayuda que ellos precisan, es necesario cambiar esas gafas por otras que busquen entender su historia, su desarrollo, sus primeras relaciones afectivas de apego, ya que es esto es lo que modulará su desarrollo y sus relaciones futuras

”El vínculo es la predisposición biológica de buscar y mantener la proximidad del cuidador, especialmente en situaciones de peligro, para así asegurar la supervivencia.”
Barudy

Cuando un niño nace en un entorno que le ofrece un contexto bien tratante y seguro, parte de unos referentes competentes que ofrecen respuestas coherentes y consistentes a sus necesidades. Esto significa que el niño puede ir regulando sus necesidades, ya que hay un adulto al que está apegado que le protege y le ofrece lo que necesita. Así aprendemos que cuando tengo hambre y lloro mi mamá o papá me darán lo necesario para que esa molestia pase. Esto me permite estar tranquilo y seguro, por lo que puedo dedicar mi tiempo a curiosear mi entorno y relacionarme con los que estén en él.

¿Qué ocurre cuando esto no funciona?, ¿qué pasa si lloro y no viene nadie?, ¿qué pasa si lloro y se me responden solo a veces?, ¿o si se me responde agresivamente? ¡El miedo se dispara! ya que el bebé se siente totalmente vulnerable y dependiente de unos adultos que no le pueden regular. Así entra en la desesperación de lograr estabilizarse, o bien desconectando o haciendo llamadas de socorro cada vez más elevadas. Aquí inicia la lucha de activar todos los recursos que tenga para llamar su atención, con un miedo intenso debido a la falta de seguridad, y dejando de lado la exploración del contexto y las posibles relaciones. Si esto se perpetua en estos primeros años, los cimientos del desarrollo del niño van a verse inestables, construyendo sobre ellos y haciendo que la casa se tambalee. Aquí nace el apego inseguro.

Como decíamos podríamos plantear dos extremos. En un extremo tendríamos la evitación. Esta se da cuando se utiliza la estrategia de desconexión ante la falta de respuesta o respuesta agresiva del adulto. En este caso, hablamos de que la alarma que nos avisa del peligro, de tanto intentar avisar al adulto sin éxito, se ha estropeado y se desactiva. Esto hace que los niños ante el miedo a ser abandonados, crezcan con la falsa idea de no necesitar a nadie como medida de defensa. La relación es insegura, ya que el otro no está disponible. En el otro extremo tendríamos la ansiedad ambivalente.En este caso el miedo a ser abandonado hace que las relaciones se basen en asegurar la disponibilidad del otro, siendo la demanda y comprobación constante la forma de relación. En este caso la alarma se ha estropeado y no para de sonar.

Todo esto tiene consecuencias importantes a nivel estructural en nuestro cerebro y hace mucho más difícil la regulación personal. Siegle explica esto de una manera muy sencilla. El cerebro tiene tres niveles que se van desarrollando como nuestra mano.

“La manera en que interaccionamos con nuestros hijos cuando están alterados, afecta considerablemente al desarrollo de su cerebro y, por lo tanto, al tipo de personas que son ahora y serán en el futuro”
Siegle

El cerebro inferior o cerebro reptiliano Es el más primitivo. Se encarga de los reflejos y repuestas innatas. (Tronco encefálico) En nuestra mano vendría representado por la muñeca.

El cerebro emocional Estaría en el segundo nivel siendo el encargado de procesar las emociones intentas. (Sistema límbico) En nuestra mano vendría representado por el dedo pulgar. Entre este y el primero se sitúa la alarma del peligro que hemos ido comentando anteriormente (amígdala)

El cerebro superior Se iría cerrando el puño hasta conseguir el cerebro pleno. Se encarga del pensamiento y la regulación. (Neocortex) En nuestra mano vendría representado por los dedos poco a poco más cerrados hasta que se completa el puño.

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Cuando una persona se enfrenta a una emoción intensa (rabia, tristeza, miedo…) nuestro cerebro detecta el peligro y la alarma hace despertar todos los mecanismos de defensa. En ese momento está funcionando como en la figura 2. No puede pensar, no reflexiona, no está receptivo. Está con todos los mecanismos de defensa activados. Si ha tenido la suerte de nacer en un mundo seguro, habrá aprendido a ir pasado de 2 a 3 e ir regulando dicha emoción. Pero, ¿qué pasa si viene de un mundo inseguro? El paso de 2 a 3 se hace realmente difícil. No fue regulado cuando era bebé, por lo que no ha podido aprender a regularse, de hecho a veces no siquiera si es posible hacerlo.

¿Eso es que tiene problemas de hiperactividad? ¿Eso es que quiere explotar y hacer daño a otros? ¿Eso es negativismo desafiante?

¡NO! Eso es que en su desarrollo han faltado escalones clave, han faltado los aprendizajes de autorregulación; a pesar de verse expuesto al mismo número de situaciones conflictivas que los demás, incluso de más duras. Estas experiencias tan difíciles han ido haciendo que esta alarma estropeada suene por cualquier detonante mínimo que pueda tener una relación con su historia de vida, que le genere frustración o le provoque miedo al rechazo o abandono. Por lo tanto esta alarma detecta muchos más peligros de los que realmente hay y este cerebro se ve muy a menudo en posición de la imagen 2, con el el cerebro emocional hiperactivado.

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En esta charla que realizamos con AFNE pudimos profundizar en estos aspectos y reflexionar sobre el desarrollo y las consecuencias de estas desventajas que sufrieron en la primera infancia en el día a día de nuestros niños y adolescentes.

Aquí podéis ver el vídeo: